Universidad
pública y docentes politiqueros
Por Harold Alvarado Tenorio
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-Continuación-
La muerte de Gaitán y la Violencia institucional, señalan el fin del
experimento del modelo liberal en la Universidad. A partir de esos años
y con la implantación del Frente Nacional, la Universidad será
convertida, primero, en una oficina de títulos, y luego en "el otro
mundo", un lugar de asilo y refugio de intelectuales y dirigentes que no
podían o no quisieron hacer parte de la guerra de guerrillas, el
terrorismo, o que consideraron que desde allí, desde el campus
universitario, podían prestar un mejor apoyo a la insurrección. Para el
gobierno de Lleras Restrepo, la Universidad Nacional ya había perdido
todo el perfil que quisieron darle tanto los gobiernos liberales como
los conservadores. Se había convertido en un centro de resistencia de
pequeños grupos de alienados de la vida política que hablaban y pensaban
apenas como eco de los conflictos de la Guerra Fría y cuyo objetivo
final, tanto del profesorado como de los estudiantes, era la toma del
poder.
Desde 1958 hasta hoy, las mayorías democráticas han estado ausentes del
gobierno de la Universidad, haciendo de ella una agencia estatal de
castigo y recompensas de dóciles o rebeldes, y las más de las veces, en
un coto feudal de los Barones Universitarios, puntuales caciques del
autoritarismo, y de sectas ideológicas desarraigadas y disolventes cuyo
propósito es la destrucción de las instituciones mediante la ecolalia y
el desprecio por todo aquello que represente una identidad nacional o
continental. Los gobiernos del Frente Nacional y las administraciones
posteriores fomentaron una burocratización de la Universidad que
aniquila de hecho toda transparencia en la toma de decisiones, dando
patente de corso a las manipulaciones de grupos, que protegiendo sus
intereses, ahondan la brecha existente entre los estudiantes y los
profesores. Los Profetas de la Posmodernidad ha "reformado" la
Universidad para hacer desaparecer todo vestigio de oposición a sus
apetitos burocráticos, con la venia de una sociedad cada vez más
confundida y sin rostro.
Quienes creen que la actual Universidad Nacional de Colombia es uno de
los primeros centros de investigación y enseñanza del país, están,
entonces, más que equivocados. Esa Universidad que en los años cincuenta
y luego, incluso, a través de los setenta y primeros ochenta, seguía
luchando por ser uno de los pocos centros de investigación aplicada y
social, y casi el único lugar donde sin autonomía universitaria se
garantizaba la libertad de expresión y de cátedra, ha desaparecido. Lo
que ahora tenemos son meros enunciados o caricaturas del ayer. La ley
reconoce la Libertad de Cátedra, la Autonomía Universitaria, etc., etc.,
pero en el ejercicio cotidiano esas y otras conquistas de los académicos
del mundo, en la Universidad Nacional han desaparecido a manos de un
creciente autoritarismo y la verticalidad en las decisiones.
