EL
REGENERACIONISMO AL PODER
Por Víctor Corcoba
De un tiempo a esta
parte, todo parece haber entrado en crisis y que nada funciona con
la libertad debida, ni con la justicia necesaria. Tampoco con la
tolerancia manifiesta frente a una verdad que es única e
inconfundible, que no debiera ofrecer dudas, puesto que sólo tiene
un camino, el de la autenticidad. El mundo es una corrupción
permanente. Ha crecido la voracidad sin escrúpulos, la explotación
sin miramiento alguno, las propinas de los falsos ídolos para que
nadie se salga del guión preestablecido, y, por si fuera poco, la
mezquindad suele formar gobierno en una sociedad acomplejada y
dividida. Se precisa, pues, una corriente regeneradora que transmita
una visión de una vida más humana, donde se compartan los horizontes
de la comprensión, donde se construya la unidad sin excluir las
ideas, donde la libertad tenga su propio significado en la verdad, y
donde la identidad de las culturas se cultive como enriquecimiento.
El
regeneracionismo del siglo XXI ha de echar raíces de inmediato y
tomar como tarea la meditación objetiva, aunando el mundo científico
con el artístico, para enmendar las heridas que causan la falta de
valores éticos en una sociedad que, a mi juicio, se ha dejado
adormecer por un injusto sistema productivo, que esclaviza y deprime
a más no poder. Volviendo los ojos a nuestro país, al igual que los
doctos regeneracionistas de otro tiempo trataron de forjar una nueva
idea de España basada en la autenticidad, por lo que era esencial
desenmascarar las imposturas de la falsa España oficial mediante la
divulgación de sus estudios en revistas de amplia difusión, quizás
sea preciso, ahora también, el florecimiento de nuevos medios de
comunicación que aseguren la libre circulación del pensamiento,
sobre todo en orden a los ideales de solidaridad (permanente y
auténtica) y justicia social, así como el nacimiento de tribunas que
cobijen a intelectuales desmembrados del pesebre público, capaces de
sentar cátedra en un mundo tan mediatizado como mediocrizado.
Se impone una realidad. Se
acrecienta en el ser humano un desvelo. Nadie se fía de nadie. La
verdad es la gran ausente en los labios humanos. A pesar de que el
ser humano la busque y la rebusque por todas las esquinas de la
vida, inclusive en los medios de comunicación. Muchas veces, con la
evasiva de ganar audiencia, radioescuchas o lectores, se imponen
modelos distorsionados de una sociedad enviciada, vulgarizada,
bestializada… Todo esto va enquistándose en la vida de las gentes y
la podredumbre se acaba contagiando. Resulta además, que la
corrupción del alma es de las más graves.
Los frutos de estos
desórdenes ahí están. El desprecio de lo propio, la falta de coraje
por el bien común, el menosprecio a las raíces, la ausencia de
patriotismo en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y
tradiciones, lenguas e instituciones, la pasividad total hacia un
orden económico y social justo, la falta de conciencia y la sumisión
al poder aunque sea corrupto. En un espíritu corrompido no cabe el
honor. Como botón de muestra, el Año Europeo del Diálogo
Intercultural (AEDI) 2008, que está pasando sin pena ni gloria, (la
ciudadanía lo tiene olvidado), cuando debiera ser un estímulo para
todos aquellos que viven en Europa, sobre todo para explorar los
beneficios de nuestro rico patrimonio cultural europeísta y las
oportunidades de aprender de las diferentes tradiciones culturales.
En mi
opinión, pues, hay que restablecer con urgencia lo degenerado.
Conseguir la transformación interna de la persona para proyectarse
luego sobre el resto de las actividades humanas ha de ser el camino.
Lo humano nace precisamente de esta agitación por el reconocimiento
de comunicarse unos con otros. Esforzarse por crear una solidaridad
auténtica de verdadera familia humana pasa por transmitir una
cultura de manos limpias con un corazón libre. El verdadero progreso
consiste en regenerarse. No en quedarse estancados en el contexto de
un falso avance. Es evidente que los progresismos actuales, lejos de
hacernos más felices nos inyectan desesperación. Unos empiezan a
morirse de hambre pero otros también de pena. Sólo cabe progresar
cuando se tiene presente a los demás, sólo es posible avanzar cuando
la lucidez se injerta en la verdad y se comparte. Convendría
preguntarse, si el ser humano, como humano que es, en el contexto de
este actual sistema de producción, llega a ser verdaderamente más
ético, es decir, más responsable, más consciente de la dignidad de
su humanidad, más abierto a los demás. Téngase en cuenta que un
hombre sin ética –como ya lo advirtió Camus- es una bestia salvaje
soltada a este mundo.
Propongo,
en consecuencia, el regeneracionismo al poder. Justificación no
falta. Hay una decadencia humana de humanidad, de los mismos poderes
del Estado, de instituciones internacionales, de la misma
Organización de Naciones Unidas a la que habría que fortalecer con
más recursos por el bien de todos. Quizás hoy más que nunca, la
persona cultivada no debería hacerse el distraído y participar en la
cuestión pública ciudadana. El filósofo grecolatino Epicteto de
Frigia, puso la tilde en lo que servidor refrenda: “el hombre sabio
no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es
un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía
ceder el paso a los indignos”. Afectados por tan compleja situación,
muchos de nuestros contemporáneos difícilmente llegan a ver
cumplidos los derechos humanos en su persona. La injusticia les
tiene atados y se preguntan, entre angustias y esperanzas, entre el
pesimismo y la tímida luz del optimismo, sobre la actual evolución
del mundo. El curso de la historia presente es un desafío al ser
humano que le obliga a responder, a regenerar el mundo putrefacto.
Creo que hacen falta mujeres y hombres de Estado dispuestos a servir
a la sociedad y no al poder. Dicho queda.
Víctor Corcoba Herrero
Correo:
corcoba@telefonica.net