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 Pinturas por Iván Hurtado-Lorenzo

Layla encuentra la felicidad

 

Por Layla Gizeth Cifuentes Vargas *

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Uno de los cuentos favoritos de Layla era La ovejita negra de Elizabeth Shaw, porque la protagonista es una oveja independiente que no le gusta recibir órdenes del perro pastor y en una ocasión salva a las demás ovejas del diluvio. Este libro le había dado fuerzas  para seguir adelante y le había enseñado que la diferencia es buena.

Layla recordaba otro libro, que a los niños les había gustado mucho oír, eran pequeños poemas infantiles escritos por Nicolás Guillén, el libro se llamaba Por el mar de las Antillas anda un barco de papel, donde los personajes principales eran Sapito y Sapón dos hermanos aventureros que viajan en barco y avión por varios pueblos de Cuba, haciendo amigos y comiendo los dulces más ricos de su país.  Serie, Evas, por Iván Hurtado-Lorenzo

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Por lo que puedes ver, querido lector Layla era una mujer que sentía y pensaba como una niña, porque su infancia había sido tan divertida que no quería olvidarla. Recordaba que ella y su hermano iban de vacaciones, a la casa del abuelo que quedaba fuera de la ciudad y le corrían al perro. Este animal era furioso, así lo recordaba Layla, tanto que una noche, le arranco, de un mordisco en la cola, un pedazo de su pantaloneta. Luego con su hermano se reían de lo que había pasado y molestaban al perro desde el segundo piso de su cama.

 

En esta casa les gustaba tirarse agua encima y desocupar la alberca, hacer travesuras, como una vez que partieron la escoba y la tuvieron que esconder para que la esposa del abuelo no los regañara. Allí les gustaba leer los comics antiguos que guardaba el abuelo y ver algún programa en la tele, para lo cual pedían permiso.

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Layla también recordaba de su infancia, el parque donde jugaba, donde aprendió a patinar y montar cicla, donde montaba en el camioncito rojo de madera empujado por su hermano.

Le gustaba ir en compañía de su familia a desayunar y hacer ejercicio, a leer cuentos y jugar con la pelota. Este había sido el lugar más importante y mágico de esos años.

 

Eran tantos los recuerdos que guardaba en su mente que una tarde se sintió triste pues ya no volverían los momentos sencillos y alegres de la infancia. Se dio ánimo  a sí misma pensando que ahora, podía hacer otras cosas y que lo importante era no perder la inocencia de la niñez como decía su padre.

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Para no perder esa inocencia, fuera de leerles a los niños y de tener muy presente ese hijo imaginario, se enamoro de un joven tierno e inocente, un chico que llevaba muy presente el niño que había sido. Así los dos podían hablar de sus recuerdos y hacer cosas de la infancia que con otra persona, Layla no hubiera podido hacer; como jugar a la pelota o con el Frisbee, leer cuentos infantiles, ver muñequitos en la tele, ir a ver títeres y muchas otras cosas que los adultos ya no hacen.

Este chico era con el que alguna vez, Layla pensó tener un hijo; pero al decidir que no lo haría, se dedico a amarlo, a leerles cuentos a los niños y a recordar los momentos felices de su infancia para nunca envejecer y darle rienda suelta a la imaginación.  Serie, Evas, por Iván Hurtado-Lorenzo

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Un día este joven le regalo a Layla un león de peluche, ella quiso llamarlo Leoncio y se encariño con él pues lo consideraba su hijo. Siempre que Layla y su chico se iban de viaje llevaban a Leoncio, este muñequito pequeño y con melena despeinada que era la adoración de los dos.

Más adelante Layla recibió a Niki, un reno con cuernos y con vestido de navidad, ella le preguntó al joven: ¿Por qué me regalas este muñeco? Él le dijo: me parece muy tierno y será el hermanito de Leoncio. Ahora los dos tenían hijitos y se sentían muy felices de compartir sus días con estos dos muñequitos.

Leoncio era muy travieso y le encantaba jugar a las escondidas, mientras que Niki prefería estar juicioso en su camita y acompañar a sus papás a los paseos. Algunas noches Niki o Leoncio se iba a dormir con su papá, pues sus padres no vivían juntos y esto era un poco triste para Layla que amaba tanto a este chico.

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Desafortunadamente la relación de layla con este joven se termino. Leoncio y Niki se quedaron con su mamá que los amaba de verdad y los necesitaba ahora que estaba sola.

Layla era una mujer muy fuerte y una persona que había dado tanto amor a sus padres, hermanos, amigos y novios. Por esta razón la vida la recompenso, con otro hombre que ante todo la cuidaba, la amaba, la consentía y la protegía, él era su Osito.

Este Osito tierno, cariñoso, entregado y comprensivo lo único que quería en la vida era hacer feliz a esta nena hermosa como la llamaba, así que se unieron para siempre y construyeron un hogar.

Layla cambio de opinión y decidió darle vida a ese niño imaginario. Así que unos años después Layla tuvo un hijo, un niño que fue un Héctor valiente y amoroso con sus padres.

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Sin olvidar su nueva familia, Layla siguió leyéndoles cuentos a los niños de su país, siguió siendo esa niña con un corazón gigante, lleno de amor y de alegría que quería compartir con todos sus amigos, sus niños, su familia y con los animalitos que la rodeaban.

Ariadna


Layla Gizeth Cifuentes Vargas, Bogotá D.C. 1982. Profesional en Estudios Literarios. Pontificia Universidad Javeriana.

Correo: giscif@yahoo.com

 

 

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