LA OBRA ARTÍSTICA
DE LILIA LUJAN

Signos, iconos,
símbolos, apuntes de una realidad intuida, de una percepción de las cosas que se asienta
en el camino de la asimilación de lo cotidiano visto en clave personal.. Fuerza,
persistencia, fragancia de los recuerdos, signos en espiral, espina de pescado, corazón
latiendo, miradas que son grandes ojos que absorben el medio exterior, que constatan la
fortaleza de la evidencia, que se encaraman en un grupo de silencios, que abrazan a otros
silencios, siempre en línea con la reformulación de una realidad que es cambiante.
Inventa personajes,
seres que perfila formalmente, que poseen mil formas que se explican una detrás de otra,
como si se tratara de diversos mundos. Hay expresividad, fuerza insinuada, latiendo en
cada instante, despegando, fundiéndose en la voluntad de trasparencias, presencia del
dentro y el fuera, el exterior y el interior, la dinamicidad de la evolución de planos.
Superposición de
elementos, en los que están los signos en el fondo, mientras que los personajes, el
perfil de los mismos, está en primer término.
El dentro y el
fuera, exterior e interior de una obra con carisma, que posee una cierta sensación de
ingenuidad, pero que se mantiene de forma elemental, porque también importa mucho su
voluntad de recrearse en la diversidad de mundos que representa. Hay fuerza y talento en
una estructura en la que predomina la elegancia del contraste, la fortaleza de la
evidencia, la formalidad de lo que fuimos y aún somos.
Retrata de manera
irónica, algo ácida, con solvencia, actitudes, formas, gestos, momentos, imágenes de
personas y cosas que son lo que son pero que va más allá de lo que son.
Sitio web: www.lilialujan-arte.com
ESCULTURA
Es inevitable
para una artista con tanta carga tradicional histórica, volver a hundir sus manos en la
tierra, filtrar la arena, poner al descubierto los espíritus sutiles de sus antiguos
diosecillos estelares y compactarla para dar volumen de bulto redondo a las múltiples
formas ya representadas de modo escueto en sus pinturas. Al fin y al cabo, sólo es un
tributo material a la leyenda del origen del ser humano, hecho del mismo barro por el
omnipresente alfarero celestial.
De parecido modo,
Lilia va creando fantasiosos fetiches totémicos que ha puesto al día encuadrándolos en
un surrealismo informal, con expresivas incorporaciones de fragmentos de imaginería
tradicional en el rostro de sus figuraciones.
En algunos de sus
trabajos se aprecia un cierto rastro de timidez, un deseo fugazmente sugerido de dar
discreta cobertura a sus imágenes, haciendo que se rodeen a sí mismas con evidentes
autoabrazos protectores.
De este modo,
envueltos y recogidos en su propia materia, no se tapan por pudor puesto que dejan al
descubierto sus caracteres accesorios: relieves, formas y bucles lineales descriptivos que
dan ritmo a las esculturas, estilizándolas caprichosamente.
Casi todas ellas
portan sobre su cabeza el peso de símbolos atribuibles a una ignorada magia, o se rematan
con insólitos tocados, coronas, penachos y cascos ornamentados.
No es esta
imaginería un conjunto estático, sino que puede ser portado con uno mismo como elemento
activo de compañía. Para ello, sus cuerpecillos disponen de diversas formas a modo de
asas, brazos o finos elementos que les permiten ser trasladados a cualquier lugar secreto
de nuestra intimidad.
En la historia de
las civilizaciones, es habitual que se hayan acarreado, a cuestas o en el recuerdo, las
imágenes de aquello que identificamos como amuletos de salvaguarda. Que cada una de estas
estatuillas o figuras sean depositarias o no de ese don secreto y sagrado es irrelevante.
Son, en sí mismas, lo que pretenden: una presencia material confortadora y bella.
Suele decirse que
se termina viendo claridad al final del túnel de la vida. Puede que la ausencia de toda
barrera física nos devuelva a la esencia de la energía, cuya representación más
elemental es la luz. Quizá por eso, se me antoja que Lilia Luján ilumina su espíritu
con lo que en su memoria debe residir de forma natural: la imagen inmutable del disco
solar.