LA PINTURA DE ANA MARÍA LLANO

Tomar,
con el mismo fervor del rezo, los pinceles para hacer
de ellos extensiones del alma. Convertirlos de pronto en batutas mágicas
para hacer cantar a los dioses de un oficio que aquí tiende al ritual.
Surgen
como efecto de esta liturgia, llenas de interrogación y poesía, imágenes donde la
pincelada diestra y estudiosa hace eclosionar el color en atmósferas violentas; capaces
de transmitir por igual cadencia y carácter, angustia y poder: una gama que parece
hablarnos en canción desde el ápex mismo de los tiempos.
Es
la raíz que viene a compartir nuestro lenguaje.
Es
la raíz que viene a enseñarnos la naturaleza de ritmos más sensatos.
por