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La obra de Martha Meza |
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Hay cosas que la pintura no puede decir, hay un lenguaje para cada concepto que se quiera transmitir. De ahí tantas técnicas, de ahí la pluralidad. A veces estoy frente a una fotografía y me doy cuenta de que si un pintor simplemente tradujera la imagen a su lienzo no lograría el efecto que logra el fotógrafo en ésta. Distintas realidades, distintos lenguajes hacen del espacio del arte un espacio no lineal sino de una gran complejidad. Esto no invalida ningún medio por el contrario nos confronta con la ruptura de esquemas paradigmáticos. Mi encuentro con el arte inicia con los elementos primarios al alcance de cualquier mano que desee dar forma al pensamiento como si se tratara de un dictado caligráfico de imágenes inagotables. Recuerdo que muy pequeña, dibujaba con mi índice los labios, la nariz, los ojos y el contorno de mis interlocutores. Era un acto compulsivo que fue desapareciendo cuando empecé a empuñar un lápiz. Siempre tuve claro lo que me gustaba hacer pero por distintas circunstancias demoré una decisión ineludible. Ahora y desde hace tres años estoy explorando ese mundo que creí era para unos pocos elegidos y del cual me excluí por tanto tiempo. Se caen muchos mitos cuando se puede ver dentro de “la casa” aunque aún hay muchas habitaciones vedadas.
De hecho todo artista que decida ascender en la “pirámide” del arte es autodidacta porque al graduarse de cualquier universidad sale a lo desconocido y sin información que le permita entender el ámbito real que va a encontrar. El topos del Arte hay que vivirlo sin temer perderse y entendiendo que no hay retorno porque ya no vuelves a ser el mismo, porque empiezas a ser parte de un colectivo al que podríamos llamar mas bien “raza” no de elegidos sino de iniciados quienes manejan unos códigos propios de supervivencia porque es una micro sociedad dentro de la macro-sociedad. En este ámbito aprendemos nuevos lenguajes para comunicarnos y la ética, las normas cambian o más bien se adaptan al pensamiento y modo de “ver” de quienes recrean o rinden culto a las artes. A veces de un modo despectivo, a veces de una manera burlesca se ha mirado con cierto recelo a ese colectivo en particular mas no es de extrañar porque (aunque esto ha cambiado) el pintor sigue siendo un artífice de trabajo intimo, privado de la mirada pública en su ejercicio y aunque cada día se vuelve más gestor y sociable, su estudio, donde produce, sigue estando cerrado.
Mis pinceles descansan mientras “veo” y aprendo muchísimo de quienes dejan su huella en el camino…no las piso pero para entender el momento actual en la plástica hay que mirar un poco hacia atrás. No podemos inventar porque el arte no nace de un acto fortuito o de un accidente humano, por el contrario nace de un pensamiento que va mas allá de las necesidades básicas humanas y no en vano ha sido tan estudiado desde áreas del conocimiento como la filosofía. Es un gran privilegio el poder conocer ambos lados de una moneda: como artista y como galerista. Entiendo que para ser una cosa y la otra debo aprender durante toda una vida y aun estoy en el proceso de conocer, entender.
Si un artista no puede hacer a un lado su trabajo no puede realizar una curaduría óptima y según los criterios de la galería, objetiva. Es de notar que los espacios expositivos en Colombia se han ido “dando” en el camino como casi todas nuestras experiencias de un modo empírico y con el deseo de hacer, de realizar proyectos. Pero cada día la apertura de nuestro país hacia las culturas de afuera ha permitido que cada vez aparezcan espacios más competentes para la difusión de las propuestas de nuestros artistas. El movimiento galerístico no es homogéneo y cada galería maneja una realidad distinta según sus intereses y objetivos. Pero sí existen unos indicadores que nos dan una amplia idea de los requerimientos para el incremento en la optimización del cumplimiento del rol de cada una de las entidades que forman el tejido del arte en cada localidad, en cada territorio. Hablar de mi trabajo artístico sería un divagar en lo desconocido porque aún está en continuo nacimiento; someter mi trabajo a una curaduría sería como intentar catalogar especies distintas en un documento que pretende reunirlas para buscar similitudes. Claro que en la observación se pueden encontrar esas similitudes pero no quiero concluir sobre lo que aún esta empezando. ¿Por qué exponer durante el proceso? Porque para mí las exposiciones son una especie de bitácora, un mapa de rutas donde puedo ver mis rumbos y mi trasegar, sin estas no puedo ver los significados de mi trabajo a través de otras miradas. Ahora que mi pintura es mas pensar que pintar he entendido que es un momento de reflexión y de pensar en lo que estoy haciendo, de ser una facilitadora para que otros proyectos se realicen y que esa sombra llamada miedo desaparece cuando comprendo que no dejaré de ser lo que soy cuando sostengo un pincel, cuando organizo un proyecto en la galería o cuando sencillamente estoy en un rol distinto a lo que se conoce como una actividad artística. Queda preguntarse cuándo dejamos de ser artistas; esa es una discusión bien conocida y no entraré en ella aquí. Ahora pinto mentalmente mis cuadros sin terminar, me siento frente a ellos y sostengo un diálogo tranquilo, in táctil, sin alterar nada hasta estar totalmente tranquila y segura de lo que quiero hacer. Ahora hay menos compulsividad en el acercamiento a mi obra y no tengo afán .Como los amantes que aprenden a amar con calma, yo he tenido que aprender la paciencia porque mi tiempo no es el de antes cuando permanecía horas seguidas pintando sin noción de su transcurrir... No es fácil ver que los otros pintores pueden dedicar mucho tiempo a su obra y ver que yo cada día pinto menos, pero las satisfacciones que la galería me da no tienen precio y ver que puedo impulsar a otros artistas hace que valga la pena la espera que no es mas que un espacio necesario de silencio para una reivindicación conciente de mi trabajo, de mi pintura.
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