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La imagen del pensamiento en Gilles Deleuze; Tensiones entre cine y
filosofía
Lic. Enrique Álvarez Asiáin
1 -
Universidad Complutense de Madrid
Resumen
El presente artículo se ocupa del problema de la imagen en la
filosofía de Gilles Deleuze. A partir de la explicación de la
paradoja localizada al interior de la obra de Deleuze entre la
propuesta de una “nueva imagen del pensamiento” y la de “un
pensamiento sin imagen”, el propósito es relacionar esta
problemática con el estudio de la imagen cinematográfica que ocupa a
Deleuze en la década de los ochenta, manteniendo la hipótesis de que
el hallazgo de la imagen-cine le permite a Deleuze reelaborar el
concepto de imagen para recuperarlo en el ámbito específico de su
apuesta filosófica por la inmanencia.
Abstract
The present article deals with the problem of the image in the
philosophy of Deleuze. From the explanation of the paradox located
in Deleuze’s work between the proposal of a new image of the thought
and that of a thought without image, the intention is to relate this
problem to the study of the cinematographic image that occupies
Deleuze in the decade of the 80, maintaining the hypothesis that the
finding of the image-cinema allows Deleuze to re-elaborate the
concept of image to recover it in the specific area of his
philosophical bet for the immanence.
Palabras clave
Imagen, pensamiento, representación, plano de inmanencia, Deleuze,
Artaud, Bergson, experimentación, cine, filosofía.
Keywords
Image, thought, representation, plane of immanence, Deleuze, Artaud,
Bergson, experimentation, cinema, philosophy.
1. Hacia una nueva imagen del pensamiento
Deleuze escribe en varias ocasiones a lo largo de su obra que el
pensamiento nunca piensa por sí mismo, sino que sólo produce a
partir de un campo de posibilidades, campo al cual podemos
referirnos para aproximarnos a eso que el propio Deleuze llama
“imagen del pensamiento”. La imagen del pensamiento no es algo que
se ofrezca explícitamente, ni puede deducirse de los conceptos de
una filosofía. De supuesto tácito, responde más bien a un tipo de
orientación del pensamiento que, difícilmente visible y enunciable,
es sin embargo lo que hace visible y enunciable aquello por lo cual
el pensamiento va a ser afectado en un momento determinado. A cada
época, incluso a cada filosofía, correspondería una imagen propia
del pensamiento, o así parecería, al menos, en principio, porque
Deleuze también observa que, en el transcurso de la filosofía de
occidente, una misma imagen viene dominando el discurso y el
pensamiento: la imagen dogmática del pensamiento
2.
La imagen del pensamiento llamada dogmática responde a un dogma, que
es la idea de lo verdadero como fundamento. No es otra cosa lo que
sostiene esta imagen que remite siempre a la verdad como a una
falta, como a una idea abstracta e invariante que actúa como meta
hacia la cual el pensamiento se dirige. El pensamiento postula un
afuera, una realidad independiente de sí en la que supuestamente
reside lo verdadero, pero al mismo tiempo se concibe a sí mismo con
la capacidad natural para alcanzarlo. El pensador, desde el
comienzo, se encuentra en una relación de afinidad con lo que busca:
le basta querer para encontrar la dirección de lo verdadero. Ahora
bien ¿qué nos garantiza la existencia de este lazo aparentemente tan
estrecho entre el pensamiento y la verdad? ¿Y qué es la verdad? ¿No
será tal vez una construcción del pensamiento? ¿Una mera ilusión?
Deleuze se plantea en su obra, desde muy temprano, la necesidad de
construir una «nueva imagen del pensamiento», porque la imagen
dogmática dominante está compuesta por aquellas fuerzas que nos
constriñen a pensar de un determinado modo, según un estilo, de
acuerdo a un régimen de producción que imposibilita el pensamiento.
Pensar es siempre pensar de otro modo, y por eso es necesario
producir una ruptura en el pensamiento y hacer visible y enunciable
otra cosa. En la imagen dogmática del pensamiento lo pensado se
remite siempre a lo previo que es la verdad: es una reproducción,
una representación de algo que ya funciona como fundamento primero.
Sin embargo, antes de la verdad están, en todo caso, el sentido y el
valor que en ella se expresan, y por ello lo importante será la
capacidad que tengamos para construir sentido, para crear los
valores que expresarán nuestras verdades. La verdad no es,
acontece como resultado de un cruzamiento de fuerzas, y es ante todo
producción de sentido y de valor
3.
La imagen dogmática ha dominado el discurso del pensamiento
occidental, desde la irrupción de la metafísica platónica, hasta el
punto de confundirse con la filosofía misma. Según Deleuze, la
filosofía de la representación que se desprende de esta imagen del
pensamiento tiene su origen en la teoría platónica de los tres
elementos: el modelo, la copia y los simulacros. La representación
sólo puede sostenerse sobre la dualidad modelo-copia, donde la
diferencia queda subsumida en el reino de «lo mismo», anulada como
instancia positiva, en tanto que el simulacro, diferencia de la
diferencia, queda totalmente desechado
4. Ahora bien,
también podemos considerar el simulacro como potencia en sí misma,
al contrario que la copia en donde la potencia está en el modelo, y
al hacer esto hacemos estallar la filosofía de la representación y
ya estamos hablando con Deleuze de una nueva imagen del pensamiento.
En el ámbito de los simulacros todo es inmanente, todo sucede como
un juego de potencia entre potencias donde lo que se desecha es
cualquier transcendencia, sea esta Dios o las Ideas platónicas.
A esto mismo se refiere
el concepto de rizoma en la filosofía de Deleuze. A
diferencia de las raíces comunes, que crecen en profundidad y
permanecen en un mismo espacio, el rizoma es una especie de tallo
subterráneo que crece en la superficie y se extiende horizontalmente
fisurando la tierra y abriéndose paso permanentemente. En un rizoma
cada punto se conecta con cualquier otro, porque está compuesto de
direcciones móviles, sin principio ni fin, solamente un medio por
donde crece y desborda. Por ello nos dice Deleuze en los Diálogos
que sólo se piensa «hacia la mitad», sin comienzo ni fin, es
decir, sin fundamento. Sería desde el pensamiento una imagen de
apertura, de bifurcación, de permanentes grietas en la superficie.
Lejos de la imagen jerárquica de las profundidades ocultas de la
tierra o de una trascendencia de los cielos, lo que aquí se plantea
es un pensamiento de superficie, o lo que viene a ser lo mismo, una
inmanencia.
Deleuze quiere suprimir del pensamiento todo modelo transcendente,
sencillamente porque nos impide pensar, es decir, ser afectados por
el afuera de la representación que pone en movimiento el
pensamiento. El acuerdo, supuestamente natural, entre el pensamiento
y la verdad, esconde la peligrosa afirmación de que más allá de la
imposición del poder de turno ninguna otra verdad tiene lugar
5. Pero no
se piensa por naturaleza, sino a partir de un estímulo, de un signo,
de una fuerza que afecta al pensamiento desde el exterior y que,
lejos de dejarnos conformes con el estado de las cosas, nos lleva a
rebelarnos frente a ellas y a buscar nuevos sentidos. Pensar
comienza con la diferencia, introduce un punto de vista diferente al
que existe, provoca una ruptura, y por ello un pensamiento novedoso
carece de presupuestos. En este sentido nos dirá Deleuze que el acto
de pensar es una creación antes que una posibilidad natural, y que
la filosofía se asemeja mucho más al arte de lo que la tradición ha
admitido.
NOTAS:
1
Licenciado en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
2004. Doctorando de la Universidad de Buenos Aires. Proyecto de
tesis aprobado en 2007 bajo el titulo: “Gilles Deleuze y el problema
de la imagen: de la imagen del pensamiento al pensamiento de la
imagen”, con la dirección del Dr. José Luis Pardo (Universidad
Complutense de Madrid).
2
«No hablamos de tal o cual imagen del pensamiento, variable según
los filósofos, sino de una sola Imagen en general que constituye el
presupuesto subjetivo de la filosofía en su conjunto». Gilles
Deleuze, Diferencia y repetición, Buenos Aires: Amorrortu,
2002, p. 205.
3
«Una nueva imagen del pensamiento significa en primer lugar: lo
verdadero no es el elemento del pensamiento. El elemento del
pensamiento es el sentido y el valor. Las categorías del pensamiento
no son lo verdadero y lo falso, sino lo noble y lo vil, lo alto y
lo bajo, según la naturaleza de las fuerzas que se apoderan del
propio pensamiento». Gilles Deleuze, Nietzsche y la Filosofía,
Barcelona: Anagrama, 1986, p. 148.
4
En esta triada, la copia ya introduce una primera diferencia
respecto al modelo, pero es una diferencia que queda sometida a la
identidad del mismo. El simulacro, por su parte, es diferente
respecto a la copia, y por ello puede decirse que es diferencia de
la diferencia. Incompatible con la representación, que es tomada en
esta filosofía como criterio de lo que es, preguntar por el ser del
simulacro ni siquiera tiene sentido.
5
«Fenómeno turbador: lo verdadero concebido como universal abstracto,
el pensamiento concebido como ciencia pura no han hecho nunca
daño a nadie. El hecho es que el orden establecido y los valores en
curso encuentran constantemente en ello su mejor apoyo». Gilles
Deleuze, Nietzsche y la Filosofía, op. cit., p. 147.

Artículo publicado
con la respectiva autorización de:
REVISTA OBSERVACIONES
FILOSÓFICAS
Director: Adolfo Vásquez Rocca |
Revista Observaciones Filosóficas
http://www.observacionesfilosoficas.net/info.htm
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