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Humor, sentido y
agresividad
por Fernando Proto Gutiérrez *
El salto cualitativo
Plantearé el
problema metafísico en Heidegger mediante un ejemplo sencillo: en un
bus rumbo a Buenos Aires, un viajante, antes de descender, se
pregunta “¿Por qué me has traído al mundo, Dios?” Luego,
comienza a cantar, indiferente a la mirada atónita de los demás
pasajeros.
En el
capítulo Primero de “Introducción a la Metafísica” de
Heidegger, cito:
“El hombre individual, tanto en los pueblos en su
proceso histórico a través del tiempo, preguntan muchas cosas. Se
informan, registran y examinan todo género de cuestiones antes de
tropezar con la pregunta ¿por qué es en general el ente y no más
bien la nada? Muchos, en resumidas cuentas, jamás dan con esa
cuestión, si por ella entendemos no sólo oír o leer la proposición
interrogativa, en tanto es dicha, sino un preguntar la pregunta, es
decir, un producirla, plantearla, ponerse en condiciones de
formularla.
Y, sin embargo… Todos, alguna vez o, quizá, hasta con
cierta frecuencia, hemos sido rozados por su oculto poder, sin
entender con precisión lo que nos ocurría”
La indagación, o
clamor ¿Por qué me has traído al mundo, Dios? Supone
definitivamente, y en un plano inconsciente, haber rozado la
pregunta ¿por qué es el ente en general y no más bien la nada?
En efecto, se da un salto cualitativo, un salto originario (Ursprung)
por el cual toda la existencia, o bien, toda la serie óntica (para
enfatizar mejor el concepto de totalidad), es abarcada por la
pregunta, así, la pregunta y el hombre mismo, saltan hacia el abismo
de lo contingente, hacia la conciencia de finitud, que habiendo
examinándose a sí misma, verifica que todo lo que realmente es, bien
pudo jamás haber sido.
Es un salto
cualitativo puesto que se traspasa, súbitamente, desde el orden
determinado, lógico, óntico y condicionado, camino hacia una
dimensión indeterminada, absurda, ontológico e incognoscible; la
indiferencia del humor pesa en este punto, pues en el instante
cómico son abandonadas no solamente las leyes de las ciencias
empíricas, sino también la ley moral. Victoria menciona, en este
aspecto, que la tragedia requiere el movimiento emocional del
espectador, en tanto lo cómico exige cierta distancia, sin entrar
necesariamente en contacto con el cinismo; no obstante, el destino
del presente análisis es otro.
¿Cuáles son las
condiciones necesarias para el suceso cómico?
Propondremos
tres escenarios, ya mencionados, aunque dignos de ser reformados y a
la espera indiferente de nuevos aportes:
-- La existencia de un sentido que fundamente
el ser y el deber
-- El principio de identidad en su aspecto
gramatical (y no metafísico)
-- El orden determinado, condicionado y lógico
Luego, el
sin-sentido, practicado en la permutación de las reglas
gramaticales y la diferencia entre lo enunciado y lo referido,
permitirá lanzarse hacia la meta-lógica, de modo que la
condición universal y necesaria del humor, es la osadía ob-ligada
al coraje y a la agresividad. No en vano han sido adscriptas
tales palabras, pues, su etimología imagina los rituales
iniciáticos greco-egipcios: la agresión de la inteligencia
quiebra el orden óntico, fundiéndose en la condición finita,
aceptando la contingencia y entregándose a la voluntad de Dios. En
Egipto, el espíritu del fallecido, guiado por Anubis, era juzgado
ante el Trbunal de Osiris (es admisible validar el mismo ejemplo
para el enfrentamiento entre Horus-Teseo ante el Minotauro). Osiris
extraía el corazón del muerto, lo colocaba en el platillo de una
balanza, contrapesándolo con la pluma de Maat: si las
conductas morales en la vida pasada habían sido correctas, el muerto
retornaba a la inmortalidad momificada. Empero, son la osadía, el
coraje y la agresividad los constitutivos del viaje hacia la muerte,
correspondiéndole al héroe marchar contra el orden causacional,
saltar como Odiseo hacia la conciencia de su finitud, y poner su
corazón a la merced del juicio divino, porque, si bien todos rozan
la pregunta, no todos saltan.
Es evidente que
el hecho humorístico no concita arrancarse el corazón y entregárselo
a los sacerdotes, pero su aguda seriedad exige, al igual que al
héroe trágico, sacrificarse, en su sentido más estricto:
hacerse sagrado en relación al espectador (para los actores
ateos) y en relación a Dios (para los actores helenos);
ofrendarse en cuanto sujeto de expiación popular o bien,
en cuanto criatura que reconoce el don, la riqueza de ser, no
obstante, en ambos sentidos se buscará la comunión o con el
espectador (el que espera), o con Dios, o ambas sincrónicamente,
como se daba en la antigüedad.
El proto-salto
efectuado por el suceso cómico, pone al hombre en contacto directo
con su contingencia, el sin-sentido del orden natural o las
contrariedades de la ley moral, pues, el humor pone finalmente de
manifiesto la desproporcionada belleza del hombre respecto de lo
infinito, lo trascendente y lo meta-lógico: no se trata de la
emoción trágica, sino de una indiferencia sustentada en la aguda
sensibilidad de la inteligencia que agresivamente rompe los esquemas
establecidos, para "danzar sobre el abismo"
(2)
(2)
Nietzsche, F., La gaya ciencia, op.cit., aforismo 347.

Fernando Proto Gutiérrez nació el 11 de Febrero de 1988 en
Buenos Aires, Argentina. Publicó ensayos, cuentos y poesías en
diferentes medios gráficos y digitales, entre los que pueden
destacarse: The Society of Midnight Wanderers (Canadá); Antología
Argentina en versos y prosas (Editorial RaizAlternativa) Revista
de la Facultad de Letras de Murcia La rosa profunda, (España)
Diario de Teología y Filosofía Derecho Viejo (Buenos Aires),
Revista Literaria El Rescoldo (Buenos Aires), Revista
Literaria Minotauro Digital (España), Revista Literaria
Remolinos (Perú) y Antología Nueva Literatura de Habla
Hispana 2007 (Editorial Nuevo Ser).
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