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Wittgenstein; Mística, Filosofía y Silencio
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - PUCV - Universidad Andrés Bello
4.- Posición wittgensteiniana ante la ética y la metafísica.
En su Conferencia sobre Ética Wittgenstein propone la
metáfora de la taza de té. Esta no podrá contener más de lo que
permite su capacidad, por mucho que nos empeñemos. Así también, las
proposiciones tienen su propia capacidad, y el intento de meter en
ellas más de lo que pueden acoger está destinado al fracaso
5
Wittgenstein manifestó siempre un profundo respeto por esta
tendencia del espíritu humano (a arremeter contra los límites del
lenguaje) que es la ética. Desde luego que cuando la ética adopta la
forma de la ciencia natural su actitud es intolerante y destructiva.
“La ética no puede ser ciencia…no aumenta nuestros conocimientos en
ningún sentido”
6.
"Todas las proposiciones valen lo mismo"
7
Como descripciones de hechos posibles, todos los cuales son
igualmente contingentes y entre los cuales no existe preeminencia
alguna, no hay jerarquía ni diferencias de valor entre las
proposiciones. En el mundo todo es como es y ocurre como ocurre, por
consiguiente, no hay en él ningún valor, porque si lo hubiera, sólo
por esto no tendría valor (6.41). Esto último es una forma
paradójica de decir que considerar el valor como parte del mundo
equivale a convertirlo en hecho y despojarlo de su condición de
valor. El mundo es, simplemente, cuando acontece y en el todo los
hechos han de medirse por el mismo patrón. Todas las proposiciones
valen lo mismo. El mundo no es sino la totalidad de los hechos
posibles, pero de ello se desprende que en el no caben los valores,
puesto que los valores no son hechos.
La ética pertenece al reino de lo inexpresable, como los problemas
sobre el sentido del mundo y la existencia de los valores. “La
solución al enigma de la vida…está fuera del espacio y del tiempo”,
no pertenece al campo de la ciencia ni a su descripción empírica
8.
Según Wittgenstein, “la explicación del sentido del mundo debe
quedar fuera del mundo…”
9,
de acuerdo con esta proposición “sólo podríamos decir cosas sobre el
mundo como un todo, si pudiésemos salir fuera del mundo, es decir.
Si dejase de ser para nosotros el mundo.
“El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo
es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo
hubiese no tendría ningún valor…”
10
(en lugar de “un valor que tenga valor” podría haber dicho “que
tenga un valor en sí mismo” o “valor absoluto”). En el planteamiento
wittgensteiniano los juicios éticos han de ser juicios de valor
absoluto, incondicionados, si se prefiere.
“La descripción de un asesinato con todos los detalles físicos y
psicológicos, la mera descripción de estos hechos no encerrará nada
que podamos denominar una proposición ética. El asesinato estará en
el mismo nivel que cualquier otro acontecimiento como, por ejemplo,
la caída de una piedra. Ciertamente, la lectura de esta descripción
puede causarnos dolor o rabia o cualquier otra emoción; también
podríamos leer acerca del dolor o rabia que este asesinato ha
suscitado entre otra gente que tuvo conocimiento de él, pero serían
simplemente hechos, hechos y hechos, y no ética”
11.
El mundo es, simplemente, cuanto acontece y en el todo los hechos
han de medirse por los mismos patrones. Todas las proposiciones
valen lo mismo” –nos dice Wittgenstein–. Pero, si esto es así, “el
sentido del mundo tiene que residir fuera de el”, pues “en el mundo
todo es como es y sucede como sucede; en el no hay valor alguno, y
si lo hubiera carecería de valor”. En efecto, nosotros ya hemos
dicho que el mundo no era sino la totalidad de los hechos posibles,
pero de ello se desprende que en el no caben los valores, puesto que
los valores no son hechos. Como lo hubiese pretendido el
Positivismo, claro que reemplazando “valores” por “valoraciones” en
su intento de reducir o asimilar a la ética a una rama de la
sociología, esto es una ciencia fáctica.
Si se describe la muerte de Cesar a manos de Bruto, para poner un
ejemplo comentando por Wittgenstein años más tarde, se esta
describiendo un hecho. Pero si se lo describe como un crimen a lo
Dante, o como un acto de justicia a lo Plutarco, eso ya es un juicio
de valor y para las valoraciones no hay lugar en el mundo. O,
formulado en términos lingüísticos, “tampoco pueden haber
proposiciones éticas”, toda vez que las proposiciones no pueden
expresar nada que se halle por encima de los hechos del mundo, “no
pueden expresar nada más alto”. La consecuencia de todo esto,
desoladora consecuencia, es que la ética queda reducida ni más ni
menos que al silencio.
Contra las apariencias, sin embargo, Wittgenstein no era un
positivista, y sus ulteriores relaciones con los positivistas
lógicos vieneses darían cumplida muestra de ello. Su actitud antes
el problema del sentido de la vida revela una tensión interna, así
como una complejidad, desconocidas para el positivismo: “sentimos
que aun cuando todas la posibles cuestiones científicas hayan
recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han
rosado en lo mas mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda
pregunta alguna, y esto es precisamente la respuesta”, “la solución
del problema de la vida se aprecia en la desaparición de ese
problema. (¿No es esta la razón por la que las personas que tras
largas dudas llegaron a ver claro el sentido de la vida no pudieran
decir, entonces, en qué consistía tal sentido?)”, “lo inexpresable,
ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico” los positivistas
lógicos interpretaron la máxima “de lo que no se puede hablar hay
que callar” en el pedestre sentido de que hay que callar porque, en
rigor, no hay nada que hablar”, pero para Wittgenstein el silencio
sería más bien indicio de encontrarnos ante algo profundo e
importante, algo ante lo cual habríamos interrumpido la cháchara
para prestar oídos a otro tipo de voz que la palabra, pues lo que no
puede ser dicho aun puede ser mostrado.
Notas
5.
WITTGENSTEIN, Ludwig, Conferencia sobre Ética, Ed. Paidós, 1989;
p.37.
6.
WITTGENSTEIN, Ludwig, Conferencia sobre Ética, p. 43.
7.
WITTGENSTEIN, Ludwig, Tractatus Lógico-Philosophicus, 6,4.
8.
WITTGENSTEIN, Ludwig, Tractatus Lógico-Philosophicus, 6.4312
9.
WITTGENSTEIN, Ludwig, Tractatus Lógico-Philosophicus, 6,41
10.
WITTGENSTEIN, Ibid.
11.
WITTGENSTEIN Ludwig, Conferencia sobre Ética, p.p. 36 y 37.

* * * * *
Este artículo ha sido publicado con la respectiva autorización de
la revista Observacionesfilosoficas.net
Director:
Adolfo Vásquez Rocca
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Wittgenstein; Mística, Filosofía y Silencio
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - PUCV - Universidad Andrés Bello
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