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LA CATEDRAL DE MAX ERNST

LA CIENCIA, EL ESCRITOR Y LA NOVELA

Por Rodrigo Parra Sandoval *

Conferencia leída, el 23 de Nov. 2007, en el programa MAESTROS DEL GENERO, Conferencias Magistrales, de la programación VIVA LA MANZANA DEL SABER. Agradecemos a la Biblioteca Departamental, a la Red de Bibliotecas Públicas Comunitarias de Cali y al Poeta José Zuleta, Director de la Agenda Literaria, el envío y la autorización para publicar el texto. (NoTiCa: El sistema de vínculos -textos en azul, clicqueables- es de NTC)

 

Explosión en una catedral es el título de un cuadro maravilloso de Max Earnst que puede admirarse en la Donación Botero de Bogotá . Muestra la tensión del instante en que comienza a fragmentarse la arquitectura de la catedral pero en que todavía la mirada retiene la forma que en un instante se desvanecerá. En ese instante muere la forma de la catedral y nace la fragmentación. Un segundo más tarde todo sucumbirá en las fauces del caos. Ese instante es una metamorfosis de la arquitectura. La metamorfosis del mundo contemporáneo. ¿Cómo puede contar el novelista contemporáneo un mundo en ese estado de tensión en que la antigua forma aún permanece y en que, al tiempo, nace un desorden que cuajará en una nueva forma? Sobre este desafío literario deseo hacer algunos comentarios.



La novela se debate hoy entre dos caminos: el realismo clásico y el desafío del mundo contemporáneo. La visión nostálgica de la novela es el deseo de regresar a la anécdota limpia, al suspenso como estrategia para que el lector continúe leyendo, a la presencia dominante de la verosimilitud narrativa, a los personajes centrados, psicológicamente coherentes, a las estructuras ya probadas como eficaces y conocidas por los lectores. El novelista nostálgico piensa que toda experimentación posible ha sido hecha ya y que la única posibilidad es el regreso a lo clásico. La visión de la novela configura lo que se ha dado en llamar la literatura retro: el novelista como hombre que ama el pasado literario y desea ordenar su narración de acuerdo con las reglas de la novela clásica del realismo. El novelista que acepta el desafío de lo contemporáneo, en cambio, piensa que su papel consiste en expresar literariamente la complejidad del mundo en que vive, en iluminar zonas oscuras de la identidad del hombre actual, en escudriñar los abismos del ser a donde la fragmentación del mundo nos avienta como una catedral que explota. El desafío consiste en arriesgarse a buscar estructuras, lenguajes, visiones del mundo apropiadas para contar lo contemporáneo que aún nos es oscuro y en buena parte incomprensible.



Tal vez el hecho fundamental que ha transformado el mundo moderno es el cambio de naturaleza del conocimiento. La transformación de la ciencia, la tecnología y las nuevas visiones de algunas disciplinas tradicionales han llevado a que la economía ya no se centre en la producción sino en la información y el consumo, a que la cultura local pierda raíces y se globalice de manera inclemente o a que luche por conformar una identidad mestiza, a que la vida cotidiana se fragmente, a que la recién nacida complejidad del tiempo social adquiera una importancia antes impensable para la comprensión de la vida cotidiana. Si el novelista acepta la aventura de expresar la vida cotidiana en su contemporaneidad no puede soslayar los cambios esenciales en la forma de conocer, en la vida pública y privada y por lo tanto en la escritura de la novela. Sus lenguajes, sus maneras de mirar el mundo, sus teorías, sus paradigmas, las maneras como esas nuevas visiones científicas y tecnológicas transforman radicalmente la manera de ser y de comprender el mundo entran a formar parte de la novela. El novelista puede valerse de la naturaleza omnívora de la novela y fagocitar el conocimiento contemporáneo para hacerlo narración. La radical transformación del mundo tiene consecuencias inevitables en la novela. Cómo escribir, sin embargo, es elección inalienable de cada escritor.



Generalmente, cuando se habla del arte de la novela, se entiende que se discutirán asuntos como la naturaleza y número de los narradores, el espacio novelesco, el tiempo de la novela, el nivel de la realidad en que se coloca el narrador, técnicas narrativas como las cajas chinas, los vasos comunicantes o el dato escondido tan frecuentemente ejemplificado en el magistral cuento Los asesinos de Hemingway. Se habla de la arquitectura de la novela o de composición novelesca para referirse a la manera como el escritor organiza el material narrativo en una estructura que le de forma y huesos, que sostenga y contenga la historia. Son los elementos de la novela, destinados a obtener una arquitectura del orden. Son importantes y necesarios, por supuesto. Pero se centran exclusivamente en a obra. Soslayan la discusión del papel del escritor. Lo convierten en una caja negra dentro de la cual suceden procesos desconocidos y misteriosos que tienen que ver con la creación literaria. La creación literaria, por supuesto, se toma como algo incomprensible y, en algunos casos, como algo sin importancia en su dimensión biográfica: importa la obra, no el escritor. Esto puede ser discutible para el lector, pero de ninguna manera para el escritor que desea afilar todas las herramientas esenciales de su trabajo.



Intento plantear algunas ideas sobre una dimensión de la identidad del autor, de la naturaleza de su yo, que me parece de primordial importancia para la escritura novelesca:
La visión del mundo. La comprensión más o menos profunda y compleja del cosmos, de la naturaleza, de los hilos fundamentales de la historia, de la cultura, de las transformaciones que se están gestando en la vida humana con el advenimiento de nuevas visiones de la ciencia y la tecnología, y, sobre todo, de la clase de hombre que surge en nuestro mundo inmediato o mundo narrado bajo esas circunstancias, la naturaleza radical de las metamorfosis del yo, del tiempo, del lenguaje, de las relaciones humanas y su potencial incidencia en la escritura de novelas . Me parecer que es posible decir que el escritor que tenga una nueva visión del mundo, más rica y desarrollada, una forma de conocimiento que le ayude a obtener una percepción más compleja del mundo que narra, tiene en sus manos la herramienta fundamental para escribir una nueva novela, la novela del presente. El escritor debe conocerse y aceptarse como una herramienta fundamental de la escritura de su novela.



Intento entonces hacer algunas consideraciones sobre asuntos que, en mi experiencia personal con la escritura de novelas, y particularmente en
Museo de lo inútil, me han parecido primordiales y eficaces. Cada autor deberá, por supuesto, descubrir los elementos de esa visión del mundo que son más apropiados a sus intereses narrativos y escriturales. Cada escritor deberá trabajar su visión del mundo de acuerdo con la imagen que se hace de su obra, ese es su derecho y la naturaleza de su libertad. Ya lo dijo Kundera con una hermosa frase:
El novelista no debe dar cuentas a nadie, salvo a Cervantes.



Intentaré, entonces, comentarles de la manera más sucinta que pueda, y de acuerdo con mi experiencia personal de
sociólogo y novelista, algunos puntos de la relación de la novela con uno de los lenguajes más rápidos y cambiantes del presente: la ciencia, y particularmente la ciencia social contemporánea. Me refiero a su incidencia en la formación de mi visión del mundo y de las preguntas que me plantea ( y que puede plantear a los escritores contemporáneos) para el trabajo literario. Me centraré en los siguientes cinco aspectos: La desintegración del yo (el yo es el tema ineludible de toda novela desde Cervantes), La complejidad como forma de mirar, El desorden como forma de organización, El tiempo social y El nuevo lenguaje. Estoy consciente de que otros elementos de esta índole pueden entrar en la discusión y de que, en algún momento y para algunos escritores, algunos de estos cinco temas podrían ser irrelevantes.
Pero estoy hablando de mi experiencia personal y no intento sugerir un decálogo para nadie. La sola idea de decálogo me resulta horrenda.



La idea de la relación de la ciencia y la literatura es antigua.
Galileo Galilei afirmó que lo más importante y decisivo de su trabajo para llegar a la teoría heliocéntrica había sido la metáfora que lo llevó a pararse en el sol para mirar desde allí el sistema planetario. Freud afirmó que en cada espacio de su disciplina donde exploraba ya un poeta o un novelista había estado con anticipación. Valery pensaba que un novelista que no incorporara en su trabajo los planteamientos centrales de la ciencia de su tiempo no podría ser un buen testigo de su época. El matemático y psicólogo Robert Musil escribió El hombre sin atributos, la más ambiciosa novela después de Joyce, donde utiliza, transformándolo maravillosamente, el ensayo científico como forma narrativa. El sociólogo George Perec emplea las técnicas descriptivas de la antropología para mostrar la cultura material del hombre francés en su deslumbrante hipernovela La vida instrucciones de uso. Claudio Magris utiliza formas de mirar de la historia y el análisis cultural al narrar en una serie de estampas relampagueantes
la vida del río Danubio desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Mar Negro y Predrag Matvejevic se vale del ensayo antropológico o, como él mismo afirma, de la gaya ciencia para contar la vida de las playas del mar Mediterráneo. El químico italiano Primo Levi narra la vida de un químico judío durante la segunda guerra mundial de una manera luminosa y desgarradora valiéndose de la metáfora de la tabla periódica. Thomas Pynchon en su novela El arco iris de gravedad utiliza la física de los cohetes, la química de la propulsión y la psicología conductista como centro dinámico de una larga y compleja historia. Italo Calvino escribió dos hermosos libros, Tiempo cero y Cosmicómicas, a partir de conceptos científicos.



Pero muy posiblemente algunos novelistas contemporáneos piensen que la ciencia es irrelevante para su trabajo debido a su naturaleza racional y abstracta, a su búsqueda de un lenguaje unívoco, a su radical manera de excluir la afectividad. Como dice Calvino: “No podrá nunca existir una coincidencia entre los dos lenguajes, pero sí puede existir, justamente por su extremada diversidad, un desafío, una apuesta entre ellos. La literatura puede servir de muelle para el científico como ejemplo del valor de la imaginación para llevar una hipótesis hasta sus extremas consecuencias y el lenguaje de la lógica formal puede salvar al escritor del desgaste en que han caído palabras e imágenes.”



A la ciencia, particularmente a las ciencias sociales contemporáneas, le sucede lo mismo que a
la catedral de Max Ernst: sufre una metamorfosis que la transporta desde un paradigma clásico, centrado en el orden, hacia el paradigma de la ciencia del caos, centrado en el desorden, en la fragmentación. De cinco ventanas desde las que podemos observar esa metamorfosis vamos a conversar.

FUENTE: MAESTROS DEL GENERO. Conferencias magistrales o

http://ntc-documentos.blogspot.com/2007/11/maestros-del-genero-confrencias.html (Allí fotos y audios de las conferencias y de los conversatorios)

 


Rodrigo Parra Sandoval. Es CALEÑO, sociólogo, escritor, profesor universitario e investigador independiente, ha trabajado con entidades internacionales como UNESCO y CEPAL. Ha ganado en dos ocasiones el Premio Nacional de Ciencias Sociales y el Premio Interamericano de Educación Andrés Bello de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Con su primera novela, El Álbum Secreto del Sagrado Corazón (1978), planteó una ruptura con el realismo mágico al escribir una historia lúdica e irónica que desafía las normas tradicionales del género. El Álbum fue seleccionado como una de las trece obras literarias indispensables de la literatura colombiana de todos los tiempos.

A esta obra le siguieron novelas y libros de cuentos entre los que cabe mencionar El don de Juan, Premio Nacional de Novela 2002, y Tarzán y el filósofo desnudo (1996), catalogada como una de las seis mejores novelas colombianas del último cuarto de siglo.

Fuente: http://www.entretenete.com/articulo_5838-museo-de-lo-inutil.html


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