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CELCIT. Teatro: Teoría y práctica

LIBROS DIGITALES

Días de teatro:

Hedy Crilla

Cora Roca

1° PREMIO de ENSAYO 1999 - Fondo Nacional de las Artes -

Premio del régimen de fomento a la producción literaria nacional y estímulo a la industria editorial. Fondo Nacional de las Artes, 1999.

Primer Premio género ensayo.

Jurado: Alvaro Abós, Osvaldo Gallone y Santiago Kovadloff.

PREMIO TRABAJOS DESTACADOS 2000 - Universidad de Buenos Aires

PREMIO TEATRO DEL MUNDO 2000, género “Ensayística” - Universidad de Buenos Aires


 

En memoria de Norberto David Uman


 

ÍNDICE

Hedy Crilla                                                                                     

Agradecimientos                                                                                 

EUROPA

1. Infancia (1898-1910)                                              

2. Adolescencia (1911-1919)

3. Primeros pasos en el teatro (1920-1928)                                        

4. Anuncios del nazismo (1929-1932)

5. El nazismo (1933-1935)

6. Exilio en París (1936-1938)

7. Ante el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939)

Notas

AMERICA                                                            

8. Un año decisivo (1940)                                                                 

9. La sombra de la guerra (1941-1945)                                               

10. Tiempos mejores (1946-1957)                                                 

11. Teatro La Máscara (1958-1961)                                                      

Agustín Alezzo, Dora Baret, Elsa Berenguer,

Osvaldo Berenguer, Lito Cruz, Esther Ducasse,

Augusto Fernándes, Federico Luppi, Boris Melijovich,

Pepe Novoa, Raúl Rinaldi y Angela Ragno.

 

12. Últimos años (1962-1984)                                                            

 

Testimonios

 

Norma Aleandro                                                                              

Zulema Katz                                                                                    

Bergara Leumann                                                                             

Jorge Luz                                                                                         

Cecilio Madanes                                                                              

Frank Nelson                                                                                

Luis Ordaz

Pino Solanas

Roberto Tálice                                                                                

Helena Tritek                                                                                    

Cronología                                                                                      

Bibliografía                                                                                     

Notas

 

HEDY CRILLA (1898-1984)

Breve transcurso de su vida

Nacida en Viena, Austria, Hedy Crilla realizó sus estudios en el Conservatorio de su ciudad natal. En 1920 se trasladó a Alemania, donde inició su carrera teatral y, junto a importantes creadores de su tiempo, como Bertolt Brecht, Otto Falckenberg, Lion Feuchtwanger, Gustav Gründgens, Leopold Jessner, Fritz Kortner, Max Reinhardt, Berthold Viertel, Helene Weigel y Carl Zuckmayer, entre otros, consolidó su formación hasta alcanzar un lugar relevante como actriz, tanto en el cine como en el teatro.

 

En 1933, con la irrupción trágica del nazismo, abandonó Alemania para instalarse en Viena, de donde pasó luego a Londres, y después a Francia en 1936. Pero en 1940, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, se marchó, embarcándose sin destino prefijado.

 

Así llegó finalmente a Buenos Aires, y se encontró con esta ciudad que la cobijó. Dejó atrás Europa, amigos, compañeros de trabajo y de lucha, una importante carrera artística y cuarenta y dos años de vida intensa.

 

En la Argentina se incorporó al teatro alemán independiente Die Frei Deutsche Bühne (en lengua alemana) como actriz y directora. Podemos recordar algunas de sus labores memorables: La llama sagrada de Somerset Maugham (1941); Los Invictos de Lillian Hellman (1942); Madre de Karel Capek (1943); Internado de señoritas de Christa Winsloe, y Espectros de Ibsen (1946), donde actuó junto al famoso actor alemán Ernest Deustch.

 

Fue contratada como actriz característica por los elencos franceses que se habían quedado varados en Buenos Aires porque no querían regresar a la Francia ocupada por Hitler. Trabajó tanto en el país como en giras por América del Sur (en lengua francesa), con la Comédie Française, la Compañía de Madeleine Ozeray (mujer de Louis Jouvet), con Rachel Berendt, Joseph Squinquel, con la compañía de Dulcina-Odilón, la Francesa de Comedia, con Jean Tavera, etcétera.

 

Durante cinco años -1940 a 1945- , dictó clases a principiantes y también cursos de perfeccionamiento a actores franceses y alemanes.

 

Al finalizar la guerra en 1945, emprendió su carrera teatral en nuestro idioma. Comenzó por enseñar a adultos y niños: con éstos ya había montado una obra infantil, Puntito y Antón, de Erich Kästner, que luego integraría su repertorio junto a otras de su autoría. Impuso, de esta manera, el género teatral infantil. En distintas temporadas, hasta 1973, representó La princesa y el pastor de Andersen (1945), y a lo largo de los años Mi teatrito, Las aventuras de Andresito, Rosa, Rosita y Rosalinda, de las que era también autora.

 

En la década del cuarenta actuó con asiduidad en el cine nacional, dirigida por conocidas figuras, y en especial por Mario Sóffici, con quien estableció una relación de gran afinidad artística, plasmada en la creación de la primera escuela de cine que integró el aprendizaje actoral, en 1949, de donde surgieron figuras destacadas de nuestro medio cinematográfico.

 

En 1947, proyectó y fundó la Escuela de Arte Escénico de la Sociedad Hebraica Argentina, para niños, adolescentes, jóvenes y adultos. En ella, cumplió Hedy una labor fecunda en la formación de actores, la dirección de espectáculos integrados por alumnos de la escuela, y la creación del Taller de Dirección, donde capacitó a futuros directores. Entre los creadores surgidos de esta escuela, se destacan Alberto Berco, Ana Casares, Boris Chubarovsky, Armando Chulak, Zulema Katz, Devorah Kors, Gerardo Mazur, Helena Montalban, Pascual Menutti, Fanny Mikey, Yenny Milgron, Frank Nelson, Sergio Renán, David Stivel, etcétera.

 

Años más tarde, en 1958, un grupo de actores del teatro independiente La Máscara la convocó para investigar y profundizar el método de Stanislavsky. De este primer contacto nació un trabajo definitorio que se extendería hasta 1964 y de cuyos frutos podemos recordar, entre otros, la puesta de Cándida de Bernard Shaw, dirección de Crilla-Gandolfo (Premio Críticos Teatrales, Mejor puesta en escena 1959), Una ardiente noche de verano de Ted Willis, con dirección de Crilla-Gandolfo (1960), Espectros de Ibsen, dirigida por Crilla (1961), donde interpretó el mismo personaje en el que había actuado junto a Ernest Deustch.

 

Estos tres espectáculos produjeron una conmoción en el medio artístico, ante el descubrimiento de un lenguaje teatral absolutamente diferente y original que tenía sus bases en Stanislavsky.

 

Allí, en La Máscara, plasmó Hedy Crilla su legado pedagógico que definió y marcó el camino de varias generaciones, y formó a maestros y directores que continuarían su labor: Alezzo, Fernándes y Gandolfo. Cabe mencionar igualmente a los actores que fueron sus alumnos: Martín Adjemián, Elsa Berenguer, Lito Cruz, Esther Ducasse, Federico Luppi, José Novoa, Raúl Rinaldi, Flora Steinberg, Nelly Tesolín, etcétera.

 

Entre tanto, Hedy Crilla seguía desarrollando sus clases particulares, y finalmente estableció su lugar en “Río Abierto”, cuyo edificio ayudó a levantar y donde construyó una sala de teatro: allí se acogería hasta sus últimos momentos.

En la década del 60 adoptó la ciudadanía argentina. Las raíces ya están firmes y profundamente arraigadas.

 

Continuó con la dirección de espectáculos: entre los más significativos pueden mencionarse Tevie y sus hijas de Scholem Aleijem (en idish), Teatro IFT (1959); Leonce y Lena de Georg Büchner (en alemán) Teatro alemán (1963); La orquesta de Jean Anouilh (1965); A la noche, noche de François Billetdoux (1967); Despertar de primavera de Frank Wedekind, dirección: Alezzo-Crilla (1976); y su última dirección, compartida con Alezzo, Mary Barnes de David Edgard (1982).

 

Es obvio que su labor como actriz en nuestro país fuera tardía, por las dificultades de su acento, razón por la cual desde su llegada, en 1940, se dedicó a la enseñanza y a dirigir. Sin embargo, en sus últimos años, uno de sus alumnos más talentosos la invita a actuar, y entonces reaparece en el escenario -de la mano de Alezzo- con algunas interpretaciones inolvidables.

 

Podemos mencionar La mentira de Nathalie Sarraute (1968); Romance de lobos de Valle Inclán (1970); La boda del hojalatero (Director, Julio Ordano) y Jinetes hacia el mar (Director, Luis Gutmann); en el espectáculo 3 por Synge, 1974, pensado y supervisado también por Alezzo -como producto de un curso de dirección que él dictó- y, finalmente, en Sólo 80 de Colin Higgins (1977), donde el gran público pudo reconocerla y admirarla en su larga temporada de tres exitosos años.

 

Era una incansable generadora de proyectos: desde su llegada a Buenos Aires había traducido innumerables obras, y sus últimos años la encontraron trabajando en La dama del mar de Ibsen, adaptando al teatro la novela Días enteros en las ramas de Marguerite Duras, y dando sus clases que nunca interrumpió en sus cuarenta y cuatro años de permanencia en la Argentina.

 

Fue una vida dedicada a la escena: actriz de fuerte vocación, también experimentó en la dirección y profundizó en el camino iniciado por Stanislavsky. Investigó en el trabajo actoral de la palabra, tras lo cual dictó su famoso seminario, que tituló La palabra en acción.

 

Sin embargo, afrontó una existencia penosa a través de dos guerras. Y en su exilio porteño, sus búsquedas artísticas no fueron fácilmente reconocidas. Pero su amor ilimitado por la vida, sus energías y su confianza en las fuerzas renovadoras de la juventud, le permitieron estar siempre de pie, sostenida por un insobornable juicio ético y artístico que la hicieron única e inolvidable. Contribuyó a forjar varias generaciones de alumnos que renovaron más tarde, definitivamente, el lenguaje actoral argentino.

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